Chile: La Alianza patronal en revueltas y mayordomos se frotan las manos, pero…

Para el bloque gobernante estas últimas semanas han sido pródiga en desaciertos, discusiones enconadas, desacuerdos y odiosidades. El quiebre entre RN y UDI se ha hecho evidente…

Arturo Alejandro Muñoz

….. Y EN la otra vereda, la coalición de mayordomos frota sus manos pero no abre la boca, pues sabe que el silencio –desde hace meses- viene siendo el mejor aliado de su candidata en una campaña que amenaza convertirse en campo de batalla.

Una resolución de la Corte Suprema desató el infierno para el gobierno y para la feble paz que aún mantenía la hermandad derechista UDI/RN, la cual tampoco se ayudaba a sí misma ni a su gobierno ya que las escandaleras se sucedían con vertiginosa ocurrencia, como quedó demostrado con el grave ilícito cometido por directivos de la megatienda. ‘La Polar’, la entrega del mar chileno a siete poderosas familias por un lapso de veinte años, los sucesos protagonizados por el director del Servicio de Impuestos Internos y su ‘perdonazo’ al holding Cencosud cuyo propietario fue (¿o es todavía?) patrón de Laurence Golborne, los patinazos inexcusables del oficialismo en materias educacionales, el ‘caso’ Beyer y el lucro, el vergonzoso fracaso del INE y el Censo con sus datos amañados y falsos, etc., etc.

A decir verdad, la lucha interna en la Alianza ha sido declarada. Dificulto que las tiendas partidistas que la conforman logren una paz real y honesta, pues su historia nos habla de roces continuos, envidias, soberbias y disensos que se arrastran desde la época dictatorial, cuando nacían en distintos nichos. Uno de ellos, fue parido por el movimiento gremialista encabezado por Jaime Guzmán al interior de la Universidad Católica, que años más tarde dio origen a lo que hoy es la Unión Demócrata Independiente (UDI). En el otro nicho, nacía RN (Renovación Nacional) el año 1987, poco antes del plebiscito histórico, conformado por miembros del MUN (Movimiento de Unión Nacional) y del ya inexistente Partido “Democracia Radical”, convirtiéndose rápidamente –procurando una diferenciación de fuste respecto de la UDI- en la cara moderada y más próxima al republicanismo al interior de la alianza derechista post dictadura, siendo además el primer partido político que se estructuró en Chile luego de la caída del régimen totalitario, teniendo a Ricardo Rivadeneira como su primer presidente.

Desde sus inicios estos primos hermanos se llevaron como las ‘reverendas’. No se tragaban ni se soportaban. Guzmán y Allamand, Guzmán y Onofre Jarpa, Guzmán y Jorge Alessandri… perennes adversarios. Siempre Guzmán llevando el pandero de la ultraderecha fundamentalista católica y ‘chicaguiana’. Pero, en materias de odiosidades y enconos, en asuntos de anti izquierdismo casi enfermizo, Allamand y Onofre Jarpa tampoco lo hacían mal en aquella competencia por obtener la “bayoneta de oro” en el festival de inquinas que administraba Pinochet.

Es imposible desmentir que durante décadas ha habido severos disensos y encontronazos entre Andrés Allamand y varios de los ‘coroneles’ UDI, topetones que alguna vez concluyeron con el “retiro momentáneo” de la vida política del actual candidato RN, lo que en absoluto significó para él abandonar el teatro de operaciones… ni dar un perdón absolutorio y total a sus adversarios (¿o enemigos?) internos en la hoy cuestionada ‘Coalición por el Cambio’.

En pleno y ardiente inicio de una campaña pre-electoral donde las “primarias” también calientan los ánimos a nivel de caldero, bastaba entonces una chispa, sólo una, para que la pradera de la Alianza comenzara a incendiarse. Cencosud, bajo la gerencia de Laurence Golborne, colocó los aditamentos necesarios; la Corte Suprema rasgó el fósforo. Cuando las llamas fueron altas y denso el humo, apareció Allamand emplazando a Golborne a dar “explicaciones” por su rol en el caso ya mencionado, y aludió a “graves abusos” cometidos por la empresa de Paulmann, a la vez que le recordaba a Golborne que “todos quienes entramos y participamos de la política debemos hacernos responsables por lo que hacemos o decimos”, lo cual fue refrendado días después por el actual Gerente de Cencosud, el que en castellano más que claro manifestó que él sí se hacía responsable de las decisiones que tomaba en conjunto con la empresa y su directorio. Ese fue un balde agua (hirviendo) para el ya apaleado candidato de la UDI.
Luego de tanto bandazo recibido, Golborne saltó a la palestra emitiendo una declaración que, leída entre líneas, no deja de ser preocupante para la feble estabilidad futura del bloque gobernante: “esta actitud de Andrés Allamand, hace dudar de la voluntad real de él y de nuestros aliados de llegar a una primaria y respetar el resultado de ella”. No lo tomen a la ligera, amigos lectores, miren que Jovino Novoa entró a terciar ahora en este escándalo y, como siempre, propuso tirar del mantel… en este caso, llevar a Golborne directamente a la primera vuelta electoral en noviembre, saltándose las primarias que, de acuerdo a la realidad del momento actual, pronosticarían un escenario de derrota para el ex empleado de Paulmann.
Es que Jovino ya ejecutó ‘maldades’ como esa… recordemos, nada más, lo acontecido hace años cuando intempestivamente movió piezas y voluntades al interior del conjunto de los ‘coroneles’ UDI, dejando trunco y en solitario el intento de RN por llevar ala empresario Manuel Feliú como candidato único de la derecha a la presidencia de la República.
En tanto, los mayordomos concertacionistas se cubren la boca para no estallar en carcajadas de felicidad, pues gracias a Allamand, Golborne y Cencosud, la Alianza, el gobierno y la prensa derechista han dejado en el tacho del olvido los problemas que Bachelet originó con su inacción la madrugada del 27 de febrero del 2010, y además se difumina la altisonante declaración bélica explicitada por el inefable Carlos Larraín producto del asunto Beyer-lucro en el Senado, pues ahora, de haber ‘guerra’, sería interna, en los patios y oficinas de la Alianza.
EN LA CONCERTACIÓN TAMBIÉN HAY HABAS PARA COCER
Obviamente, en ese sector opositor también se cuecen habas, aunque no “a calderadas” como en la Coalición por el cambio. El antiguo equipo de Michelle Bachelet, en alguna medida, se ha disgregado, y más de alguien allí se dejó tentar por las caricias del poder, pues ya no desea ser ministro ni jefe de cartera alguna sino, muy ambicioso, pretende el sillón de O’Higgins. Se trata de Andrés Velasco, quien en absoluto ha logrado administrar su lengua, ya que cada vez que manifiesta una opinión de carácter económico -en esa extraña campaña que protagoniza casi en solitario-, demuestra haber sido siempre un elemento cercano al talibanismo económico UDI, más que a los fútiles escarceos concertacionistas.
Y en materia parlamentaria, mejor ni hablar. Claudio Orrego viajó a Alemania y ahora se cuelga de la opinión de Ángela Merkel, Canciller y presidenta de la CDU germana, una social-cristiana que es la nueva ‘fräulein-hitler’ de la economía del alicaído mercado común europeo, quien recomendó al PDC de Orrego y Walker abandonar la idea de aquellos socios de la Concertación que desean aceptar como “aliado de ruta” al partido comunista chileno. Ahí están ahora todas las tiendas componentes de aquel bloque, mangoneando y dándose de dentelladas para dilucidar el entuerto…. que no es el único, vaya que no, pues el secretario general de la desprestigiada OEA, José Miguel Insulza, se ha constituido en el causante de los últimos conatos de quiebre entre los partidos concertacionistas no bien decidió regresar para postular al senado. ¿Por cuál región? ¿Qué tienda política y cuáles ‘honorables’ en ejercicio estarán dispuestos a restar sus posibilidades dejándole paso franco al gordito proveniente de Washington?
A ello, agréguese como ‘profunda inquietud’ (según palabras del también inefable Guido Girardi) el alejamiento –al parecer definitivo- de amplios sectores de la izquierda extraparlamentaria que, públicamente, ha manifestado su disposición a combatir (esa es la palabra adecuada) a la Concertación, y de tal laya evitar un segundo mandato de doña Michelle, o un quinto gobierno del conglomerado que la lleva como abanderada. La pregunta necesaria de hacer es: ¿qué porcentaje de votos del padrón electoral pertenecen –como sumatoria- a esos sectores extra Parlamento? No es arriesgado afirmar que el guarismo puede aproximarse al 10%, cifra más que suficiente para decidir si la Concertación triunfa o pierde en un a eventual segunda vuelta o ballotage. De ahí “la profunda inquietud”.
Faltan todavía seis meses, un semestre y semanas, para la elección parlamentaria y presidencial. Veintiséis semanas que servirán los bloques en contienda de fructífero campo de batalla, ¿de las ideas o de los intereses particulares? Para responder esa interrogante, tómese como parámetro de respuesta válida lo que está sucediendo al interior de la Alianza en la pugna Allamand-Golborne, la cual, realmente, no es sino el reflejo de las diferencias históricas que atenazan a los hijos políticos de una dictadura que no aclaró adecuadamente su herencia.
Herencia que como bien sabemos también interesa a los mayordomos de esas familias feudales.


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Arturo Alejandro Muñoz


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