Humilde y conservador

El Papa Francisco, un austero intelectual jesuíta

El Papa Francis se presenta ante el mundo

El Papa Francis se presenta ante el mundo

Credito: Gregorio Borgia. AP

13 de Marzo.- El Papa Francis, el primer Papa de las Américas, es un austero intelectual jesuita conservador que modernizó la Iglesia Católica Argentina.

Conocido hasta hoy miércoles como el Cardenal Jorge Bergoglio, de 76 años, es conocido como un hombre humilde que se negó a sí mismo los lujos que disfrutaron los previos Cardenales de Buenos Aires. Estuvo a punto de convertirse en Papa en el cónclave que eligió al Papa Benedicto XVI.

Grupos de partidarios ondeaban banderas argentinas en la Plaza de San Pedro, cuando Francis, vestido con una simple túnica blanca, hizo su primera aparición en público como Papa.

"Señoras y señores, buenas noches", dijo antes de hacer una referencia a sus raíces latinoamericanas, donde está alrededor del 40 por ciento de los católicos romanos del mundo.

Bergoglio a menudo andaba en autobús, cocinaba su comida y recorrió los barrios bajos de la capital Argentina. Él considera que la proyección social, en vez de las batallas doctrinales, es la labor esencial de la iglesia.

Acusó otros líderes de la iglesia de hipocresía y olvidar que Jesucristo había bañado leprosos y comido con prostitutas.

"Jesús nos enseña otra manera... Salir, salir a compartir su testimonio, salir e interactuar con sus hermanos, salir y compartir", dijo Bergoglio a los sacerdotes argentinos el año pasado.

El legado del cardenal Bergoglio incluye sus esfuerzos para reparar la reputación de una iglesia que ha perdido muchos seguidores, al no desafiar abiertamente a la criminal dictadura de Argentina 1976-83. También trabajó para recuperar la tradicional influencia política de la iglesia católica en la sociedad, pero críticó abiertamente a la presidenta Cristina Kirchner, por imponer medidas sociales liberales que son anatema para la Iglesia: el matrimonio homosexual y los anticonceptivos en forma gratuita para todos.

"En nuestra región eclesiástica hay sacerdotes que no bautizan a los hijos de madres solteras, porque no fueron concebidos en la santidad del matrimonio", dijo Bergoglio a sus sacerdotes. "Estos son los hipócritas de hoy. Los que quieren clericalizar a la Iglesia. Los que separan el pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre muchacha que, en lugar de abortar al niño, tuvo el coraje de traerlo al mundo, ¿tiene que andar de parroquia en parroquia para que le bauticen a su hijo?".

Bergoglio se sentía más cómodo tomando un perfil muy bajo y su estilo personal era la antítesis del esplendor del Vaticano. "Es una cosa muy curiosa: cuando los obispos se reúnen, él siempre quiere sentarse en las filas de atrás, este sentido de la humildad es muy bien visto en Roma", dijo su biógrafo Rubin antes del cónclave de 2013 para elegir al sucesor de Benedicto XVI.

La influencia Bergoglio pareció detenerse en la puerta del palacio presidencial, luego de que Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, asumieran el gobierno de la Argentina. Su abierta crítica no pudo evitar que Argentina se convirtiera en el país de América Latina que legalizara el matrimonio gay, o impedir que Cristina Fernández promoviera la contracepción libre y la inseminación artificial.

Su iglesia nada tuvo que decir cuando la Corte Suprema amplió el acceso a los abortos legales en casos de violación, y cuando Bergoglio sostuvo que las adopciones gay discriminan contra los niños, Fernández comparó su tono con la "Edad Media y la Inquisición".

Bergoglio se ha destacado por su austeridad. Incluso luego de convertirse en alto prelado de la Iglesia Argentina en 2001, nunca vivió en la mansión donde el Papa Juan Pablo II se quedó cuando visitó el país, prefiriendo una cama simple en un edificio del centro, calentada por una estufa pequeña. Durante años, tomó el transporte público de la ciudad, y se preparó él mismo su comida.

Bergoglio casi nunca concede entrevistas a los medios, limitándose a los discursos desde el púlpito, y se resistía a contradecir a sus críticos, incluso cuando sabía que sus acusaciones contra él eran falsas, dijo su biógrafo Rubin.

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