La égida de la democracia burguesa

“Los sueños quiméricos de la democracia burguesa representativa de la paz eterna bajo la égida de la organización política adeco-copeyana se han vuelto tan ridículos como las frases sobre la unión de los pueblos bajo la égida de la libertad, del comercio… Sólo los pueblos son capaces de fraternizar bajo la bandera de la democracia socialista, puesto que la burguesía tiene que defender en cada país intereses particulares, y como el interés es, para ella, el elemento determinante, no puede elevarse por encima del nacionalismo.”

Cuando se habla hoy de democracia, de fraternización de las naciones, no se trata de concepciones políticas, sino de realidades sociales. La Revolución Francesa ya no era, como se imagina aún demasiadas veces en el mundo, una lucha por tal o cual forma de Estado, sino un movimiento social; y, después de ella, una democracia política pura es una falta de sentido. En nuestros días, la democracia se confunde con el socialismo.

Cualquier otra democracia no puede existir más que dentro de la cabeza de los visionarios que no se preocupan de los acontecimientos reales y para quienes los principios se desarrollan por si mismos sin ser determinados por los pueblos y las circunstancias. La democracia ha pasado a ser un principio de los pueblo, el principio de las masas, y entre las fuerzas socialistas se pueden contar las masas revolucionarias democráticas…

El socialismo, que deriva su nombre de la palabra latina socialis, o sea lo que afecta a los pueblos, estudia, como ya su propio nombre lo indica, la organización de las masas, las relaciones de unos individuos con otros.

Pero la burguesía no erige ningún sistema nuevo, sino que se aplica predominantemente a poner parches en el viejo edificio, a taponar y ocultar a la vista las grietas abiertas por el tiempo, y a lo sumo, a levantar, como hacen, un nuevo piso sobre los viejos y carcomidos cimientos llamados capital. Entre los burgueses pueden clasificarse todos los inventores de cárceles y correccionales, asesinatos políticos, desapariciones, todos los fundadores de comercios, agiotistas y quinta columna y precisamente por eso, porque el término de burgués no tiene un sentido concreto y fijo, sino que puede significarlo todo y no significa nada, corren a agruparse bajo sus banderas e increpan a los socialistas, que no quieren perder el tiempo en apuntalar el viejo edificio y concentran todas sus esfuerzos en levantar otro nuevo.

Todas esas cabezas confusas, todos esos filántropos sentimentales, todas esas gentes a quienes gustaría hacer algo, pero que carecen de ideas para hacer nada. A nadie que sepa razonar puede ocultársele que el entretenerse en remendar y repintar un sistema un sistema social totalmente podrido es perder lastimosamente el tiempo. Es necesario, pues, que nos aferremos a la palabra “socialismo” y la inscribamos audazmente en nuestras banderas, contando luego los militantes que se congreguen en torno a ella; no podemos callar cuando oímos, como tantas veces se oye en la actualidad, que el socialismo es en el fondo lo mismo, cuando se nos invita a cambiar el nombre, que todavía asusta a tantos espíritus medrosos, por el del capitalismo, sino que debemos levantar nuestra enérgica protesta contra semejante disparate.

Con esto creemos haber encauzado suficientemente nuestras discusiones, y terminamos haciéndonos el requerimiento formulado: que en todas partes donde dé señales de vida la burguesía, cuyo fin no es otro que mantener en pie bajo una forma más endulzada la esclavitud del trabajo, abogamos vigorosamente por nuestros principios. Así mismo invitamos a luchar contra esa vacua filantropía sentimental que, desgraciadamente, parece haberse desatado entre la burguesía. Los tiempos son cada vez más duros; necesitamos ser fuertes y no lunáticos soñadores, de esos que, en vez de maldecir la miseria del pueblo y empuñar las armas, no saben más que derramar lágrimas. Y por último: guardarse de motines, conspiraciones y demás disparates por el estilo. Nuestros enemigos se desvivirán por provocar guarimbas callejeras, etc., y tomar de ahí pretexto para una represión encaminada a restablecer, como ellos dicen, el orden y a poner por obra sus planes demoníacos. Una actitud seria y serena obligará a los tiranos a quitarse la careta, y entonces ¡a vencer o morir!

Los programas y teorías de la burguesía formaron ergotistas y disputadores del antiguo Congreso para enriquecerse, que llevaron al pueblo de Bolívar a la esclavitud y el exterminio, mientras el lema Dios, Patria, Trabajo y Libertad unían las voluntades de los excluidos, aunaban infinitos y diversos anhelos, recogía bajo su vaguedad suprema miles de sentimientos.

El socialismo, en efecto, con su advenimiento asegurará a todos su autonomía, así como el derecho a disponer de los beneficios de su trabajo… El PSUV y los trabajadores afirmamos que no puede haber antagonismos o combates de raza o nacionalidades, sino sólo la lucha de clases del pueblo de todas las razas contra la burguesía. Condenamos las excitaciones como una de las maniobras por las cuales la clase capitalista y los gobernantes burgueses intentan desviar el movimiento socialista. Las desconsideraciones, la impopularidad en que han caído todos los partidos de la burguesía sin ninguna excepción, contribuyen poderosamente a crear esta situación completamente favorable al crecimiento del socialismo.

—Cito a Mario Briceño Irigoyen: “Después de ciento setenta largos años de exilio, Bolívar reclamó su puesto en nuestra Patria. No un puesto en el panteón, como difunto venerable; ni sitio en el museo para sus armas e indumento; ni cuadros entallados para su figura inquietante. Tampoco quiere la heroicidad de las estatuas. Pide su sitio en la vida cotidiana. Pide horizontes para sus pensamientos deslimitados. No está él muerto como lo entienden los cultivadores de cementerios históricos. Es una existencia permanente”.

¡Gringos Go Home! ¡Libertad para los cinco cubanos héroes de la Humanidad!

¡Pa’lante Comandante! Hasta la victoria siempre. Independencia y Patria socialista!

¡Viviremos y Venceremos!

¡Bolívar Vive!

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