"La lluvia tiene un vago secreto de ternura, Algo de somnolencia resignada y amable, Una música humilde se despierta con ella Que hace vibrar el alma dormida del paisaje". Federico García Lorca
Llegó el mes de abril y comenzó con lluvias, por acá en Biscucuy, una breve llovizna desde la madrugada comienza a empapar la tierra tostada por el sol. La llegada de abril, supone que las lluvias están un poco más cercanas, y la tierra comienza a beber de la vida que cae desde lo alto, desde las nubes que cubren las montañas llenándolas de un rocío que nos moja al pasar.
Abril, es el mes más bonito, porque nos acerca a ese espacio de tiempo en que las lluvias comienzan a preparar su llegada, para que todo el mundo natural reviva. Las lluvias, esperadas con ansias en nuestros cafetales y conucos, dan muestra de una vida que se esconde en cada gotita que nos cae desde el cielo. Los pajaritos comienzan a cantar desde temprano y las guacharacas retozan entre las matas de guásimo y bambú. Abril, nos entrega con sus primeros pasos, un corazón que nos revive y entusiasma, trayendo consigo las primeras lecciones de vida. Abril nos recuerda que el suelo es un ser vivo, y como todo organismo vivo, también puede morir.
Cuando aplicamos pesticidas en el suelo indefenso, lo estamos matando lentamente, y esa vida que se esconde entre la hojarasca que cayó durante este verano que se resiste a alejarse de nosotros tan temprano, comienza a desfallecer, al mismo ritmo que aplicamos las dosis permanentes de venenos, recomendadas por la ciencia inculta.
Cada puñado de fertilizante sintético que es usado, deja subrepticiamente una estela de microorganismos que fallecen entre la salazón causada en la superficie de ese suelo vivo que se niega a morir. Es un caso similar, a cuando tenemos un paciente en terapia intensiva, mientras lo mantengamos entubado, respira, y al retirar los aparatos se ausenta lentamente hasta morir.
Nos hacemos veneno-dependientes, de tanto pesticida que transforma todo el hábitat natural existente, y así, sentimos que es imposible cuidar nuestras maticas, sin el uso de estos venenos que comienzan a hacerse imprescindibles, en la tarea de siembra de alimentos. Pasamos sin notarlo siquiera, de sembrar la vida a cultivar la muerte. Ya son las seis de la mañana, y el sol ni siquiera se asoma, en creciente, la claridad del día es mucho más perezosa que en menguante.
La mañana avanza y los recuerdos nos persiguen. Sin luz eléctrica se retardan las labores en la cocina, entonces el fogón de leña nos alumbra la oscura mañana. Abril llegó, avisando que viene cargado de nuevas tareas. A propósito, nos preparamos para este 26 de Abril en la histórica ciudad de Trujillo, conmemorando los 240 años de la Universidad de Los Andes, realizaremos el conversatorio DE LA TIERRA AL ALMA: Hablemos de café Trujillano.
Allí estaremos, compartiendo con nuestros hermanos campesinos de mi amado Trujillo.