¿Los Resultados del 14-A se explican únicamente desde nuestros errores?

He soportado la tentación de hacer una nueva lectura a los resultados electorales del 14-A, a partir de las data del CNE. Resisto a esta tentación, reconociendo que los datos del CNE comunican situaciones y ayudan a un mejor análisis de los resultados. Me resisto por ahora al uso de los números, diciéndome que tiene poco sentido detenerse en los datos (votos) obtenidos el 14-A. Me ayudo en esta labor de no focalizarme en los datos, hablándome del poco sentido que tiene tomar este 14-A para establecer que el proyecto bolivariano enfrente sus dificultades.

Sé que este 14-A es un elemento de una cadena y las referencias simplemente permiten demostrar que elecciones tras elecciones; el proceso viene sintiendo una pérdida y la oposición se ha mantenido o en algunos casos, esta oposición apátrida se ha recuperado. Es evidente y así lo explican los datos a los cuales no quiero referirme.

Por más que lo deseamos; los resultados del 16-D no logran borrar la tendencia. El 16-D, respecto al 14-A no son situaciones muy distintas, aunque la observemos como dos realidades. Una, muy buena que se manifestó al ganar 20 de las 23 gobernaciones con un Chávez muy delicado de salud y otra, en la cual ganamos el 14-A con un margen que no esperábamos.

Si hacemos memoria, sobre nuestra manera de ver los resultados en estos continuos procesos electorales, observaremos, que cuando la situación no ha salido como suponíamos que debía salir, siempre y con mucho de razón, focalizamos las explicaciones desde nuestras filas y de estos análisis salen a relucir nuestras fallas que son muchas y seguramente han generado desapego y desencanto.

No he visto ni leído, pero es posible que exista un análisis que tome distancia de nuestro mundo y urge en el mundo de la oposición, con la finalidad de reunir elementos que nos permitan explicarnos o comprender, la perdida de votos que hemos venido experimentando en los procesos electorales, a partir de las situaciones propias de la oposición. Una iniciativa como esta, si cabe como experiencia analítica, es posible que nos obligue a complementar mejores decisiones.

Reconozcamos que muchas variables vinculas con las cosas que hacemos y cómo la hacemos, operaron como mecanismos “matavotos”. Reconozcamos estos hechos, pero dejémoslos reposando un poco. Reconozcamos ahora, que no estamos solos y que la oposición con todos los calificativos que podamos darle de vendida e imperialitas, tiene y mantiene sus operaciones. Entendamos que no solo opera, sino que cada vez viene afinando sus herramientas para detener el proyecto. El afinamiento de esas herramientas y su mejor desempeño, encuentra un punto a su favor, que es visible a partir de ciertas debilidades.

No es poco cosa por ejemplo, lo que el proyecto ha avanzado en un proceso de descentralización, pero persiste la idea de la centralización y de la dictadura en personas que se han beneficiado de esos avances del proceso de descentralización. No es poca cosa (otro ejemplo real), lo que se ha avanzado en educación superior, pero el discurso de las universidades llamadas autónomas continúa imponiéndose.

Si observamos, podemos concluir que en la campaña electoral del 7-0 y del 14-A, la oposición se “apropió” y aprovechó de nuestras banderas y símbolos de lucha. Puede decirse que la estrategia de la oposición ha confundido y si esa idea es cierta (confundir), entonces el resultado del 14 y los anteriores también viene dando las señales que además de nuestras fallas; la oposición apártida ha sido más efectiva en su accionar sin movilizar mucho o sin hacer muchas marchas. La oposición ha replanteado su estrategia para irnos sacándonos las voluntades débiles o que por una mala acción de nosotros son proclives a saltar la talanquera.

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