Impunidad: madre de la corrupción

No existe corrupción sin complicidad de otros, para que exista delito que se pueda calificar de dolo contra la cosa pública o privada, necesariamente debe haber componenda o participación de otros que son parte hasta por omisión de ese flagelo que históricamente ha corrompido a gran parte de la humanidad. Pues bien, de vez en cuando, cada cierto tiempo la sociedad reacciona y reclama controles y castigo para aquellos sujetos a quien habiéndosele dado confianza de administrar recursos o bienes públicos o privados se han aprovechado para hacer de las suyas en beneficio personal, familiar o grupal y por supuesto en detrimento de la Hacienda Pública o de la contabilidad o patrimonio privado.
¿Por qué si el delitos de corrupción es una antiquísima enfermedad de las sociedad, por que razón la propia sociedad no le ha buscado el antídoto capaza de acabar con élla?
En mi criterio creo que la cultura de la corrupción ha sido más convincente que las propias medidas o leyes que el propio hombre ha concebido como medio de atemorizar al sujeto social para que éste, evite corromper su dignidad. Es decir, los códigos o leyes como se les quiera llamar, han sido y son muy permisivos, por un lado las llamadas leyes anticorrupción, a la vista de los hechos son muy endebles, (alcahuetas diría yo), ya que personas que al final de cuentas son halladas culpables del delito de corrupción, las penas son exiguas y si además de eso, el imputado acepta su culpa, la sentencia en tiempo es irrisorio. Por eso vemos personas que habiendo sido juzgadas y condenadas por corrupción pública o privada de la noche a la mañana andan por ahí (como si nada), en presentación o libres por haber cumplido el corto tiempo la irrisoria sentencia.
En verdad la impunidad, tiene mucho que ver, con la epidemia conocida como corrupción, donde personas (creo que no se les puede llamar ciudadanos) que parecen involucradas en el lodo de la corrupción, quizás porque en su cerebro esta el mensaje de la anti-ética que les dice:-“ quien no robe o se apropie de cosas públicas o privadas es un pendejo (…) de lo contrario sus más allegados y supuestos amigos, le calificaría de bolsa” ; reflexión inmoral que viene reforzada por el hecho que a la gente le parece que aquí no se castiga la corrupción, sino que por el contrario se le estimula y hasta se hace ver como una vivezas criollas, propias del gentilicio venezolano.
En este orden, la familia, la escuela y leyes que junto a jueces con probidad, a quienes no les tiemble su conciencia jurídica para aplicar nuevos códigos que nacerán de la iniciativa habilitante que está solicitando el Primer Magistrado del Poder Ejecutivo de la República, donde entre otras cosas se debe:-“establecer pena máxima de 30 años y confiscación de todos los bienes que posea el criminal reo juzgado por corrupción, así como su inhabilitación política y administrativa de por vida”. De no ser así, de nada serviía la habilitante y articulado que surja de este debate político jurídico que la Patria ha esperado y exigido durante más de 200 años de República.
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(*)Miembro PSUV-Táchira

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