Para Lourdes Anderson en su dolor de hermana

Hermanos

Te arrebataron a tu hermano en una calle, no se abandona a un hermano en una esquina, ni muerto por la muerte ni por inconsciencia artera.

En esa lucha por llegar al hilo, sólo la luz de tu amor será la guía. Se muere el cuerpo, no el ser, no la vida del recuerdo en la menta que no olvida.

Te arrebataron a tu hermano, no sabían de la fuerza de la hermandad que no cesa de buscar los ojos infinitos del amor que se tuvo desde un vientre común hasta un plato de comida.

En esa lucha por llegar al hilo la noche te contará historias de niñez y veras a Danilo, entre sombras, hablando, consolándote en tu llanto, secándote las lágrimas.

Te arrebataron a tu hermano, no se deja al olvido al niño común que fuimos con nuestra misma sangre. Cada vez que otros pretendan negar el hecho, saltará de tu alma su recuerdo.

En esa lucha de palabras dadas de promesas vivas avisarás a los injustos, presos o en libertad, que no se renuncia al recuerdo de un hermano arrebatado en una noche de miedo.

Yo sólo atisbo lo que tu alma sufre, no sé en verdad lo que sientes; la muerte que me llevó a mi sangre era esa normal de la vida, no la de los impíos poderosos o de los matones arrogantes.

Veo a Lourdes, cada vez que pretenden hacernos olvidar, siento la luz y la pasión ardiente del hogar que sella para siempre el amor de los hermanos, su lucha sigue.

Y los que tras las rejas no pagan lo que hicieron y los que sueltos andan, sepan que el amor de un hermano da para el resto de la vida; la lucha seguirá, se llegará hasta el hilo, así será.

No se olvida a un hermano, nunca. Otros olvidarán y dejarán los recuerdos a un lado para poder vivir, una lleva el recuerdo adentro para seguir viviendo.

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