Esta institución internacional que
fue creada al finalizar la Segunda Guerra Mundial, con los objetivos
declarados de mantener la paz entre las naciones, promover la justicia
y la libertad, alentar por la seguridad y cooperación entre los Estados,
defender un supuesto derecho internacional y los derechos humanos que
ella misma proclamara al poco tiempo de su fundación; fue realmente
erigida con las mismas intenciones que su fracasada predecesora la Liga
de las Naciones, que fuera establecida al fin de la Primera Guerra Mundial
y que no pudo evitar la Segunda. Esta ONU desde su inicio estuvo destinada
en realidad a permitir que los países que habían ganado la guerra
(Estados Unidos y los Aliados), dispusieran de un ámbito donde ejercer
control político sobre el resto de las naciones. De esa manera se diseñó
una estructura en la cual todos los países miembros pueden debatir
“libremente” en su Asamblea General, pero cuyas decisiones finales
las toma su Consejo de Seguridad, en el cual 5 países tienen asiento
permanente (los 10 lugares restantes son rotativos), siendo lo más
importante que esos 5 países son los únicos que tienen el “poder
de veto”. O sea que cualquiera de ellos puede detener sin ningún
tipo de explicación cualquier decisión de la ONU, en el momento que
lo desee.
Eso ha limitado las principales
acciones de la ONU durante su historia, solamente a la aprobación de
resoluciones que coincidan con los intereses y opiniones políticas
de esos 5 países, con lo cual su operatividad como organización mundial
y su capacidad para cumplir con sus supuestos “humanitarios objetivos
declarados” hayan sido casi nulas. Progresivamente se han venido acumulando
yerros y malas actuaciones, hasta llegar a la actualidad, dónde la
resolución del Consejo de Seguridad sobre Libia y los previsibles resultados
de esta última Asamblea General, han sido hechos claramente definitorios
de su incapacidad, no sólo para resolver los conflictos que atraviesan
transversalmente nuestro mundo, sino también de su impotencia para
evitar convertirse en un vehículo de apoyo a las intenciones guerreristas,
colonialistas e imperialistas de los países centrales.
De esa incapacidad e
inoperancia podemos mostrar otro ejemplo: al caso de la UNESCO (Organización
de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura,
en inglés United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization)
un organismo especializado de la ONU, que tiene un mecanismo de decisión
colectiva mucho más democrático que su institución matriz. De allí
los Estados Unidos se retiraron en 1984, cuando por mayoría se decidieron
medidas para la democratización de las comunicaciones (entre las que
figuraba la capacidad de los Estados para ejercer algún tipo de control
sobre ellas) y estas medidas estaban contra los intereses políticos
tanto de los EE.UU. como de las otras grandes potencias. Esa retirada
no sólo incluyó la separación de los Estados Unidos de la UNESCO,
sino también el retiro de sus fondos de aporte a su manutención, firmados
por todos los estados integrantes de la ONU. Lo mas curioso es que aunque
los Estados Unidos “retornaron” en 2003 a integrar la UNESCO, hasta
la fecha como “medida de protesta” por alguna de sus decisiones,
no han aportado un céntimo de sus cuotas obligatorias.
El cascarón vacío
El 19 de septiembre de
2011 comenzó la 66ª Asamblea General de las Naciones Unidas.
Tal como lo previmos -y no fue necesario ser ningún zahorí para
hacerlo- la solicitud presentada en ella por el pueblo palestino para
ser reconocido como un Estado en el seno de la Organización, ha quedado
retenida en el Consejo de Seguridad, quien como ya fue anunciado por
el presidente Barak Obama y gracias al veto de los Estados Unidos, impedirá
que tal solicitud sea aprobada, aunque ella cuente -como ya lo hace-
con la inmensa mayoría de los votos a favor de las naciones miembros
en la Asamblea General.
Ya habíamos visto que
esto no era de extrañar, que “Naciones Unidas” es hoy uno más
de la serie de mitos que a través de la red transnacional de medios
corporativos, los grandes intereses corporativos transnacionales y los
gobiernos de las naciones centrales nos machacan diariamente, para crear
un tipo de “realidad virtual” que les permite mantener el control
sobre las grandes poblaciones de sus propias naciones y los estratos
de poder de los países periféricos. Es ese mundo virtual, donde existen
por ejemplo, una supuesta “comunidad internacional” (que no es más
que la voluntad de los Estados Unidos y algunos de sus países adláteres),
o unas “leyes internacionales” que sólo se aplican según esos
mismo intereses (Estados Unidos no reconoce sobre sí la potestad de
la Corte Internacional, sin embargo denuncia en ella a otros países
que considera “delincuentes”).
Por estas consideraciones,
aparentemente sería juicioso decretar la “muerte en vida” de la
organización y proponer a los Estados miembros su progresivo abandono
y la concentración de esfuerzos en búsqueda de crear nuevas organizaciones
internacionales capaces de ser más efectivas. Considerando además
que propuestas como la realizada por Venezuela (y apoyada por varios
otros países latinoamericanos) en el seno de la Asamblea General de
intentar una reestructuración del organismo, no tienen posibilidades
reales de concretarse, ya que se vuelve a cerrar el círculo vicioso,
y el Consejo de Seguridad no permitirá aprobar una resolución de este
tipo, que en los hechos intenta quitar de las manos de las grandes potencias
el control de la ONU.
La insospechada caja
de resonancia mediática
Sin embargo, la realidad
nos muestra una vez más su grado de complejidad, que en muchos casos
la vuelve impredecible. Esta 66ª Asamblea General de las Naciones
Unidas se convirtió de hecho en una gran caja de resonancia mediática,
que permitió hacer llegar a sectores globales un panorama que
generalmente es escondido u obviado por la red transnacional de medios
corporativos. Es posible que esto hubiera sido previsto por algunos
de los más destacados “halcones” de la derecha internacional, lo
cual explicaría en alguna medida las numerosas amenazas (desde la ultraderecha
Israelí, la norteamericana y la de algunos países europeos) recibidas
por la Autoridad Palestina, sobre todo directamente sobre su presidente
Mahmoud Abbas, para que no presentara ante la Asamblea General la solicitud
Palestina de constituirse en Estado miembro de la ONU.
Así, a pesar de los
esfuerzos de recortar, deformar, editar sesgadamente o hacer uso intencional
de las cámaras de video de los medios corporativos, la importancia
y cantidad de información generada los obligó a transmitir lo esencial
del contexto de lo sucedido en la Asamblea General. Al respecto
de esos esfuerzos era interesante ver por ejemplo, como las tomas durante
el discurso del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu fueron
todas mucho más cerradas que las realizadas por los mismo medios unas
horas antes durante el discurso de Mahmoud Abbas, para que no pudieran
apreciarse los grandes vacíos en la sala durante el discurso del primero,
que contrastarían notablemente con el lleno y las ovaciones recibidas
por el segundo. O analizar las ediciones de video presentadas por ejemplo
por CNN, Deusche Wele o la propia RTE de los diferentes discursos, realizadas
resaltando lo más conveniente en ellos a los intereses políticos de
las potencias centrales, e ignorando (o disfrazando quitando el sonido)
lo menos conveniente.
A pesar de todo pudieron
apreciarse, esta vez no solo por los medios alternativos, sino también
a través de los medios corporativos, algunas cosas tan importantes
como:
- El discurso de Barak Obama contradiciendo su supuesta posición de apoyar la creación del Estado Palestino según las resoluciones de la ONU tanto la de 1948 (dónde se decidió la creación de ambos estados, el Israelí y el Palestino) como la de 1967, dónde se fijaron fronteras entre ambos que Israel no ha respetado; al explicar al mundo que no debían ser las Naciones Unidas el ámbito de decisión correcto, sino que debe dejarse que Israelíes y Palestinos lleguen a un acuerdo bilateral, dejando clara la oposición de los Estados Unidos de aprobar la propuesta palestina (ya había anunciado previamente que la vetarían en el Consejo de Seguridad). De esa manera negó directamente la autoridad de ese organismo internacional, que por otro lado defiende cuando éste puede ser usado para proteger los intereses norteamericanos o de las potencias europeas.
- La casi unanimidad de parte de los Estados de nuestro continente Sudamericano, quienes apoyaron muy firmemente la posición palestina, con la excepción de Colombia (con lo cual Juan Manuel Santos confirma que si bien puede ser más “diplomático” o “político” que su antecesor, no está dispuesto a cambiar el rol de su país como punta de lanza de los intereses de los Estados Unidos en el continente), siendo paradigmáticos en ese apoyo los discursos de las presidentas Dilma Rouseff y Cristina Fernández que fueron (sobre todo el de la segunda) muy críticos tanto con el Estado de Israel como con los Estados Unidos.
- La “retirada” del recinto de la Asamblea de los representantes de los Estados Unidos y de algunos países europeos (sobre todo de aquellos que los apoyan más comprometidamente), durante el discurso del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Lo más curioso del caso es que la delegación norteamericana no se retiró durante la parte más dura de su discurso que atacó a las potencias occidentales en su política frente a Irán y su respaldo a Israel, sino meramente cuando estaba comenzando y acusaba a los Estados Unidos de algo que todo el mundo sabe, de haber armado y promovido a Saddam Hussein para que emprendiera la guerra fraticida entre Irak e Irán. Posiblemente esto haya mostrado que la decisión de abandonar la sala había sido tomada de antemano, como una forma de ejercer presión política.
- El estremecedor discurso del presidente de la autoridad palestina Mahmoud Abbas, a quien muchas veces se ha acusado de ser “colaboracionista” con los Estados Unidos y con Israel, que sin embargo realizó una presentación impecable sobre el derecho de los palestinos a tener su propio Estado, y sobre la forma en que su pueblo ha venido sufriendo persecución, ataques mortales, maltrato e indiferencia. Ese discurso se vio premiado con cerradas ovaciones, de las más notables oídas en el recinto de la Asamblea.
- El discurso del primer ministro de Israel, que si bien comenzó explicando que no iba a la Asamblea General a recibir aplausos (sabía que estos serían muy escasos para la posición de Israel), de todas maneras aprovechó para atacar duramente a Irán, diciendo que la Asamblea General debía haber echado a Mahmoud Ahmadinejad, porque entre otras cosas se atrevió a decir algo que viene siendo cada día más obvio y de conocimiento general: que el ataque a las Torres Gemelas pudo haber sido un autoatentado. Lo más interesante que puede sacarse de su discurso, fue su empeño en presentar a Israel como un “pequeño país” indefenso, que a dado a los palestinos todas las oportunidades de negociar (dejando de lado quien fue que ignoró por ejemplo los acuerdos de Camp David) y que ataca “solamente” para defender su supervivencia. Este enfoque, y sin ánimo de polémica, sino meramente constatando un hecho, nos hizo recordar el discurso de Adolf Hitler en el momento de la invasión a Polonia (que dio lugar al comienzo de la Segunda Guerra Mundial) dónde explicaba que el país víctima era Alemania, quien no tenía otro remedio que expandir sus fronteras para poder sobrevivir.
- Finalmente, la cobertura informativa de la Asamblea General permitió, a pesar de los esfuerzos realizados para ocultarlo, mostrar al mundo como los países que apoyaron a Palestina constituyeron claramente la inmensa mayoría de los estados miembros (las estimaciones en cifras hablan de 150 en 192 miembros).
En definitiva, que debemos
reconocer que a pesar de su inoperancia para resolver los problemas
entre las naciones, en este caso (y posiblemente en otros futuros) la
importancia y difusión de lo sucedido en la ONU ha permitido en alguna
medida hacer llegar a ciertos estratos sociales (sobre todo en los países
centrales) parte de una realidad mundial que generalmente los medios
corporativos -que son quienes informan y forman opinión en estos estratos
sociales- se cuidan muy bien de ocultar.
Si esto ha sucedido así,
felicitémonos entonces de que las Naciones Unidas, aún sin proponérselo,
se constituyan todavía en una tribuna global, en una gran caja de resonancia,
capaz de combatir la tiranía comunicacional de la red corporativa internacional
de medios masivos.
Es muy posible que todo
esto constituya un síntoma más del resquebrajamiento de un sistema
de dominación que está en plena crisis y que debe hoy enfrentarse
al resurgir de los movimientos de resistencia y de los nuevos centros
de decisión alternativos que están brotando como hongos a nivel global,
y de los cuales somos parte todos aquellos que creemos que otro mundo
es posible y que está en nuestras manos crearlo.