- Supe, Juancho, que en estos días, fuiste a un velorio. ¿A quién estaban velando?
El periodista Juancho Marcano, aún pensando en el amigo ido, observó a su perro Pipo y como meditando "este can es curioso", manifestó: "Si, Pipo, fui a un velorio porque, el 15-02-25, una persona amiga llegó a su fin en esta vida terrenal y tuve que acudir para darle el último adiós, como dicen".
- ¿Cómo se llamaba y quién era ese amigo, Juancho?
- Esa persona se llamaba, Pipo, Leopoldo Espinoza Prieto y había nacido en La Asunción un 8 de septiembre de 1948. Era uno de los asuntinos más asuntinos de todos los asuntinos que he conocido. Era uno de los hombres más ilustrados de los pocos que quedan en la isla. Siempre tuvo para conmigo, un trato afectuoso y no escatimaba palabras para hablar bien de mis textos escritos.
El periodista calló y se acordó de cuando trabajó con Leopoldo Espinoza Prieto, en el diario del Caribe, donde publicaba diariamente una columna con el nombre de Resaca y además escribía un cuento deportivo para el suplemento semanal: Caribe deportivo, y todo gracias a Espinoza Prieto, a quien siempre le agradeció y le agradecerá esa oportunidad que le brindó en dicha publicación.
"Juancho, dijo Pipo, ¿qué pasó? Continúa hablando de tu amigo que murió".
El periodista se salió de sus pensamientos y prosiguió: "Bueno, Pipo, Leopoldo no sólo quiso a La Asunción, sino a toda Margarita y a Coche. Era un hombre estudioso de su historia, de su gente y de sus costumbres, y era un fiel creyente de la Virgen del Valle, de ahí sus libros y artículos sobre la Patrona de Oriente".
-Leopoldo, continuó el periodista, fue escritor, humorista, ensayista, historiador, cronista, dirigente deportivo y político. Era de esas personas que defendían sus ideas con mucho argumento. Ah, de paso, era un tribuno, de ahí la cantidad de veces que fue orador de orden, en diferentes actos.
El periodista calló y Pipo entendió su silencio, pero no por eso, para cambiar de tema, le indicó: "Juancho, la mata de mango me manifestó que te dijera que opinabas tú sobre este pensamiento, que oyó por ahí, de Albert Einstein: "Nunca dejes de aprender, porque la vida nunca deja de enseñar".
"Está bien, Pipo", dijo el periodista y volvió a guardar silencio.