Me veo motivado a escribir estas líneas por una discusión que leí entre camaradas en la red social twitter, donde la abogada Yohana Del Valle Pineda, del PSUV, tuvo el valor, sin complejos de clase, de revelar con detalles su origen pobre. Término que la burguesía suele disfrazar con el eufemismo de "origen humilde". Yohana argumenta lo siguiente:
Yohana Del Valle Pineda @yohana_psuv
Te digo: yo vengo de un caserío, de comer pasta, y la salsa de tomate era el onoto. Caraota y sardina. Nadie estudiaba, no había escuelas ni liceos cerca. Vengo de cargar agua y leña en la cabeza. Comíamos una vez al día y lo que comíamos era porque lo sembrábamos. De cuentos, sé.
https://x.com/yohana_psuv/status/1903886639979458896
Es cierto que muchos camaradas también de origen pobre no olvidan ni reniegan de sus orígenes, pero a diferencia de Yohana, estos asumen como propia la interesada narrativa de la derecha y la burguesía, que uno la escucha a cada rato cada vez que se tropieza con un contrarrevolucionario o contrarrevolucionaria de origen pobre:
"Antes de Chávez estudiaba el que quería porque las universidades eran gratis". "Yo me crié en un barrio pobre y con esfuerzo y dedicación me gradué en la Universidad Central de Venezuela".
Creo que esto pudiera ser la otra versión de "El pobre es pobre porque quiere", muy trillada entre los pocos que ascienden socialmente, y les cuesta entender que solo representan la excepción de la regla, y que la realidad objetiva formulada con leyes sociales no siempre coincide con sus experiencias personales. Y quienes lleguen a gobernar con intenciones de hacer justicia, deben necesariamente diseñar las políticas públicas con el apoyo de estas leyes y no con experiencias personales.
Yohana, esta polémica en la que te viste involucrada, por lo general es estéril, lo terminan insultando a uno, ya que no es fácil conocer la realidad social simplemente a través de la percepción. Y es precisamente esta una de las razones por la que la burguesía fragmenta el conocimiento con especialidades. Es decir, la clase trabajadora no puede de ninguna manera conocer la realidad científica en su totalidad porque ellos sencillamente perderían el poder.
Y si por casualidad llegan a entender que su realidad social en el barrio fue relativamente mejor que el promedio, y esto permitió que su esfuerzo lo condujera a graduarse, tampoco te lo reconocerían de manera abierta y sincera, porque esto va en menoscabo del mérito que se ganaron por su esfuerzo en comparación con sus vecinos que los han visto por años como unos flojos y sin aspiraciones.
A esto le sumas que la burguesía promociona libros de autoayuda y superación personal, con el fin de justificar la pobreza que produce el capitalismo. Quien consume esta bibliografía y no asciende socialmente termina creyendo que es un fracasado, un perdedor, o que le tiene miedo al éxito, en lugar de señalar a la clase que lo oprime, que viola sus derechos, que lo excluye, que lo margina y que es esta clase dominante la que frustra sus deseos de merecer una vida digna. Y a los ascienden en la pirámide social, les conviene mantener esta narrativa para elevar su autoestima.
Estas personas nunca se han preguntado por qué antes de Chávez, en las universidades públicas había muchos más estudiantes de piel clara que de piel oscura. Nunca se han preguntado por qué los de piel oscura habitan mayoritariamente en barrios pobres, marginados en condiciones precarias, y al contrario, los de piel clara habitan en los urbanismos de apartamentos, con derecho a la ciudad.
Nunca se han preguntado por qué en el sistema capitalista los hijos de los obreros se ven obligados a abandonar los estudios y trabajar para ayudar a sus padres, y los hijos y nietos de inmigrantes europeos, en su gran mayoría, no tienen que sacrificar sus estudios.
Quien piense que los hijos de los obreros son unos flojos y los hijos de los inmigrantes europeos son unos echa’os pa’lante, es un vulgar racista o endorracista, y así hay que hacérselo saber, aunque se ofendan, porque hasta ahora en el genoma humano no se ha despejado el gen del flojo y el gen del echa’o pa’lante.
Yohana, también es pertinente recordarles, como tú bien lo sabes, que en la IV República solamente adquirió un título universitario el 5% de la población. Y aún no he leído un estudio sociológico que se le ocurra concluir que el 95% de los venezolanos son flojos o no les interesa estudiar.
La exclusión social no es un error, es un proyecto de país que decidió marginar a los descendientes de esclavizados, remunerados con salarios muy bajos para que sus hijos no puedan ir a la universidad, y así tengan que reemplazar a sus padres en los trabajos manuales más rudos cuando estos sean desechados y botados de las fábricas. Amén de que producir la fuerza de trabajo manual es más económico que producir la fuerza de trabajo intelectual. Los burgueses no son pendejos.
Y surge la pregunta: ¿Si todos los empobrecidos por el capitalismo reúnen las condiciones materiales para aprovechar las oportunidades de estudiar en universidades gratuitas, y ascender socialmente, entonces para qué vamos a hacer una revolución? ¿Para qué Chávez empezó a pagar la deuda social, si todos podían ascender?
Para terminar, camaradas, los invito a leer un artículo que escribí en Aporrea.org, en noviembre de 2010, titulado "Por qué la burguesía no quiere que el hijo del obrero entre en universidades como la UCV, USB, UC, LUZ y ULA", que habla sobre este tema. Saludos.