Quién puede dudar que el nazismo ha sido de las peores expresiones políticas que han existido en la historia, en tanto ideología racista y de la muerte, que en poco tiempo fue capaz de perseguir y asesinar a millones de seres humanos de manera despiadada.
Por lo mismo, son muy pocos hoy en día quienes reivindican lo realizado por Adolf Hitler, pero sí hay muchos que usan el nazismo para etiquetar y denostar expresiones políticas contrarias y que son vistas de manera aborrecible, lo que termina por confundir más que explicar lo que se busca mostrar.
Los ejemplos son muchos de quienes catalogan de nazi a algún sector político contrario determinado para cuestionarlo, siendo usado tanto por derecha como por izquierda, por conservadores y progresistas, con el fin de cumplir sus objetivos e ilustrar una realidad completamente distorsionada.
De ahí que algunas izquierdas en diferentes partes del mundo, tilden de nazi a cualquier expresión de derecha, por su carácter reaccionario, y que algunas derechas hagan lo mismo con izquierdas, por su carácter autoritario, lo que termina siendo cualquier cosa en la práctica.
Los casos de dictaduras latinoamericanas y de totalitarismos en los socialismos reales, son un claro ejemplo de mal uso del término que se les ha dado y su vaciamiento de significado de parte de izquierdas como de derechas, que las han equiparado al nazismo.
En lo que respecta a casos específicos y más actuales, tanto la colonización de Israel a Palestina, como la invasión imperial de Rusia a Ucrania, se sigue usando el nazismo como comodín para denostar al contrario, sin darle mucha vuelta a lo poco consistente que es como argumento.
Lo señalo a propósito de la igualación que se hace entre el sionismo y el nazismo, de parte de sectores contrarios al Estado de Israel, como si fueran prácticamente lo mismo, Es el llamado antisionismo, que usa finalmente la experiencia del holocausto judío para equipararla con el sufrimiento que ha tenido el pueblo palestino todas estas décadas.
Misma situación, pero en el sentido inverso, de quienes defienden al Estado de Israel de cualquier crítica existente, tildándola de nazi y antisemita, como si criticar las políticas de Israel fueran sinónimo de criticar a los judíos y por tanto sería un discurso meramente racista, así como lo hizo Hitler en su momento en Alemania.
Con respecto a Ucrania, es sabido el uso que le ha dado el gobierno ruso a la idea de desnazificar el país para justificar la invasión del 2022, así como quienes desde el otro lado homologan a Putin con Hitler por lo realizado, como si no existiera diferencia alguna en su actuar, planteando posturas que no llevan a ningún lado.
La verdad es que todos ellos, en mayor o menor medida, banalizan al nazismo, lo que termina por quitarle peso a los horrores cometidos por Hitler, pero también nos quita la posibilidad de cuestionar en serio lo que nos debiera preocupar siempre, que son la desigualdad en todo ámbito, el fanatismo, la violencia en todas sus formas y la concentración del poder, sea donde sea.
Es cierto que uno podría equiparar concepciones y prácticas realizadas por el nazismo a lo realizado por distintas experiencias políticas en el mundo, tanto de derecha como de izquierda, que van desde el nacionalismo, racismo, caudillismo, machismo, totalitarismo y de la persecución y muerte de personas, pero el fondo del problema va mucho más allá de eso.