Burguesía, proletario, capitalismo, imperialismo, clases sociales, lucha de clases, son términos cargados de gravedad y memoria histórica que producen ruidos incesantes en la humanidad. Estamos en el umbral de crudas realidades que hoy enfrentamos.
Para entender los peligros en los que está envuelta la especie humana es necesario excluir en lo posible sentimentalismo, prejuicios y dogmas, pues debemos admitir que la naturaleza se ha convertido en el mayor obstáculo para el capitalismo salvaje.
Sabemos que para este régimen criminal la terrible y deshumanizante globalización implica no sólo el objetivo de un gran mercado universal marcado por las pautas del liberalismo, asimismo, también es el control total de la conductas de las personas (mentes), impidiéndole la posibilidad de discernir, disentir o practicar la disidencia.
El régimen capitalista es un subsistema del mundo natural que no lo incluye. Sin embargo, el capitalismo trata al consumo de los recursos renovables y no renovables (el "capital natural") como si fueran ingresos o contribuciones para engordar el ingreso, pues para el capitalismo salvaje la naturaleza es sinónimo de bienestar económico.
La economía está contenida es un mundo físico y finito. La realidad de la biosfera es algo dado. Pero, la actitud del capitalismo salvaje ha sido irreversiblemente suicida.
Ni los "paños de agua caliente" serían visibles cuando ya estemos muertos.
La economía actúa al margen de la naturaleza.
Los umbrales son hartamente conocidos: la desaparición de la capa de ozono, el cambio climático, el deterioro de los habitas, la tierra agrícola, el colapsos de las zonas marinas, los recursos hídricos y cuatro hojas más de etcétera, ni los grandes capitalistas ni las personas acaudaladas podrán librarse de las consecuencias de la degradación ecológica que avanza a pasos acelerados.
El capitalismo salvaje "ignora" la biosfera, pues la contaminación, los residuos y el calor que se devuelven a la biosfera no se miden como costes. Los costes ecológicos reales repercuten en el exterior y, como tales, han de ser soportados por la humanidad y nuestra Madre Naturaleza.
La especie humana de seguir así estará avanzando contra nuestra Madre Naturaleza está condenada hacía su extinción y toda forma de vida.