El periodismo rampante

Me refiero tanto al impreso o digital, como al televisivo…

Me da la impresión de que los periodistas que cuentan las aberraciones humanas en materia sexual, gozan como voyeurs más o menos como quienes las cometen. La supuesta obligación del periodismo de publicar todo lo que sucede en la sociedad, lleva al periodista a enlodazarse en noticias escabrosas en nombre de la libertad y del interés del lector o del espectador. Y cuanto más escabrosas y más aberrantes, más "interés". Así alimenta desde siempre el periodismo rampante la basura social...

Ese periodismo es intolerable. El principio de que el periodismo se inventó para informar no vale en estos casos. Las noticias sobre aberraciones deben ser escuetas. Dar pelos y señales, detallar ciertos comportamientos, como la tortura y demás abyecciones del ser humano, es dar pábulo a la patología social. La minuciosidad sólo es para la instrucción del sumario judiciale, pero no en un periódico de información generalista. Los males del mundo, las barbaridades cometidas por seres humanos, atrocidades, y aberraciones, unas explicadas y disculpadas por la psiquiatría o por la ciencia biológica, otras por la locura de la guerra que los griegos antiguos distinguían de la locura divina, de la profética (inspirada por Apolo), de la báquica (por Dionisio), de la poética o musical (por las Musas), de la amorosa (por Eros), son moneda corriente de toda la vida. De ese modo, la mentalidad de una población en este aspecto, como en el ideológico, en estas sociedades "libres" (libres de un dictador, pero esclavas de tantos abusadores legitimados), acaban siendo cinceladas por el periodismo, en unas cosas, y por el mercado, en otras. El periodismo que, en materia de costumbres y de rarezas deforma la sensibilidad y atiza el fuego de las inclinaciones más bajas del ser humano, da con ello ideas aberrantes a personas quizá impecables, pues aunque no lea todo el mundo la noticia, la noticia se propaga como un reguero de pólvora. Y este tipo de mercado, en nombre de la libertad anula en la persona el sentido de la mesura al atizar la desmesura del consumo, para desgracia del planeta y, de rechazo, de la Humanidad.



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Jaime Richart

Antropólogo y jurista.

 richart.jaime@gmail.com      @jjaimerichart

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