Cumaná,
azotada por huracanes, vendavales y terremotos se erige según los cronistas
a partir del año 1515. A partir de esa fecha se habla de unos frailes
franciscanos y dominicos que se asentaron a las orillas del rio Cumaná
para dar luz verde a un martirio que se prolonga por siglos. A su frente,
Cubagua, pequeña isla rica en perlas y cuyas aguas llegaron a
enrojecerse por tanta sangre aborigen, que explotaban sus pulmones ante
el incansable afán de quienes traficaban con la riqueza
marina.
Esta
es una historia de invasiones, saqueo, trueque, genocidio, ultraje.
Todo vino a la par de aquel grito de: ¡Tierra! ¡Tierra! Dado, según
los cronistas, por un mal asalariado llamado Rodrigo de Triana.
¡En mala hora! En todo caso, como hemos vivido bajo el acecho
de la naturaleza, nuestro compromiso es mirar hacia el futuro.
Ya esta larga historia tiene interesantes páginas. Unas oscuras y otras
brillantes. Nos anima referir a la Historia Corográfica de Nueva
Andalucía del padre Antonio Caulin, para hablar de plantas y
sus usos, las referencias de Alejandro de Humboldt quien se sintió
cautivado por esta ciudad. Ya a finales del siglo XVII ocurren
hechos culturales importantes. Cátedras de Latinidad y Griego, Cátedras
de Gramática y Elocuencia, Escuela de Primeras Letras para hijas de
familias distinguidas, Escuela de Primeras Letras fundada por la matrona
María de Alcalá Rendón, Fray Cristóbal de Quesada, destaca como
prestigioso latinista. Luego habría de ser maestro de Andrés Bello
quien vivió aquí en su pubertad. Entre tanto el Dr. José María
Vargas se desempeña entre el Lazareto y el Hospital de la Caridad
que fundara el fray Antonio Patricio de Alcalá. Vargas traduce para
los patriotas el Contrato Social, de Rousseau. Es precisamente Vargas
clave para que en mayo de 1812 se instalen las Clases Superiores
en el Convento de San Francisco (hoy prácticamente abandonado). Luego
se convertirá en el Colegio Nacional de Cumaná (1834). Esta ciudad
secunda a Caracas en la introducción de la imprenta. Son referencias
El Patriota Venezolano (oct.1811) y El Patriota Cumanés
(dic. 1811).
Hoy Cumaná, a pesar de los pesares, se viste de gala. Enfrenta, como ayer, el desdén, el desamor, la indiferencia, la malicia. Ciudad que insiste en abrir los brazos y recuerda todos los días a su predilecto hijo, el Gran Mariscal de Ayacucho. Sigue siendo, tal como lo dijera el poeta A. E. Blanco:”Guapa también, con la guapeza de la bravura y el aguante. Guapa en Nueva Toledo, en Nueva Córdoba y en Santa Inés de los Cumanagotos. Guapa cuando el sismo la estremece toda, la derriba y la sangra y ella se alza de nuevo y sacude sus cabellos como cabellos a la brisa y se aparta de sus ruinas para recoger a sus hijos…” O para preguntarnos con el historiador, académico y poeta Marco-Antonio Saluzzo: ¿Y qué misteriosa fatalidad se complace en anonadar todo lo bello, todo lo grande, todo lo generoso, todo lo santo?
revolcones76@yahoo.com.ve