El predominio de la mujer en España es ya un hecho. Vengo observando desde hace tres años el auge de la mujer, no ya sólo en la vida pública donde su ruido es ensordecedor, sino también y en el mundo empresarial. Pocas empresas deben quedar ya cuya dirección siga en manos masculinas. La inversión de los roles en la vida familiar entendida como convivencia de una pareja con hijos es impresionante. Aquella imagen de la madre paseando a su bebé en un cochecito, casi ha desaparecido reemplazada por la imagen del padre. Y digo que en España se acusa mucho ese predominio, porque al parecer, en otros países europeos más avanzados en materia sociológica, si se me permite decirlo así, se palpa un proceso inverso. Es decir, la mujer está prefiriendo el regreso al hogar.
Pero España, siempre diferente. Pierde siempre el paso de la historia más común en el resto del continente, por unas razones o por otras. Su singularidad le hace perder contacto con los procesos políticos y sociales. Por ejemplo, la dictadura, hace siglos inimaginable en el continente europeo, duró en España cuarenta años. La monarquía, que en los países europeos donde persiste es una reliquia de museo, fue restaurada por el albacea político del dictador en la Constitución, cumpliendo su imperiosa decisión post mortem. Y, como vemos, tras los siguientes cuarenta siete años, la clase política ni se molesta nunca en proponer al pueblo la natural forma de Estado republicana, ni siquiera el referéndum, pese además, haber sido el primer monarca de este nuevo régimen un indigno representante de la monarquía con un escándalo tras otro…
Pues bien, la natural rivalidad entre ambos sexos es planteada en España por la mujer en general, en términos de enfrentamiento patológico. Cualquier actitud del hombre en presencia de una mujer, que no sea la de asentir o callar, el "pueblo" femenino, pueblo en el sentido clásico de demos, la tilda de machista. Es decir, del bruto... El caso es que la mujer, muy preparada desde luego, se está apoderando de la sociedad española. Esperemos pese a todo que a la larga sea con efectos benefactores pues hasta ahora la historia de España cuyo único protagonista, con algún adorno femenino, ha sido el hombre, a mi juicio ha resultado más lamentable y desastrosa que motivo de orgullo nacional…