Escribir Lil Rodríguez me trae a la conciencia una historia que en la Venezuela de hace unos 10 años, era casi sinónimo de subversión periodística.
La blanca palidez de nuestra sociedad ha tomado siempre los valores de la negritud (eso que ahora llaman afro-venezolano) con un sentido meramente festivo y un tanto Baladí.
Así que para que un hermano pigmentario pudiera proyectar su conocimiento y su talento, debía recurrir a la pachanga, nada de discursos serios o planteamientos “conceptuales”, solo “Date” y pon la gente a gozar.
Allí entra Lil, preocupada por ese trasfondo humano y sensitivo que se acurruca, como un animalito huérfano, en los tras telones de los artistas y compositores.
Si alguien tiene duda de la humanidad de Lil, le sugiero que en lo inmediato, lea el breve pero intenso ensayo sobre la vida del compositor Guillermo Castillo Bustamante.
Allí está plasmada la diferencia entre los cronistas de esa cosa extraña que llaman “Farándula” y el trabajo musicológico (que tiene un enorme valor porque aún cuando Lil no pudiera leer partituras, es de una trascendencia excepcional que nos obliga a re-pensar a algunos creadores) de nuestra mestiza y pigmentada mujer.
Nadie que conozca a Lil Rodríguez puede decir de ella que se arrimó a tal o cual lado del poder, los que hemos seguido sus escritos y actividades, podemos dar testimonio de una mujer llena de coherencias y continuidades que muchos pregoneros de otra vida posible ni siquiera han trazado.
Mujer luchadora, periodista y si, musicóloga, porque no hace falta un reconocimiento formal para quien ejerce el estudio de las formas fenoménicas de la cultura latinoamericana, con especial énfasis en el Caribe.
El gran musicólogo cubano Doctor Olavo Allen Rodríguez, acuñó un término para referirse a los exponentes del arte contextualizado en la cuenca del caribe; “Individuo estético Caribeño” o “Individuo Caribeño” . Este término, tan poco usado, es el que mejor caracteriza a Lil Rodríguez, a quien siempre le aparecen tamboreros y danzantes, como una suerte de escolta espiritual.
Hoy, leímos a uno de los llamados “hombre del espectáculo”, (que según se dice, posee una gran experticia en el manejo de la televisión) insultándola y acusándola de lo que justamente no es nuestra Lil.
Bien, no tengo pruebas como las que dice tener este “conocedor” hombre de la televisión (de una televisión que seguramente nunca queremos volver a ver), pero sería interesante, que se pusieran al trasluz los dos perfiles (totales) ; el de Lil Rodríguez y el de su acusador.
Estoy seguro, que solo con eso, quienes pudieran abrigar alguna duda de la integridad de Lil, podrán sacar conclusiones.
Parece que no le perdonarán su romance permanente con las culturas del “Olvido”, con esos hombres y mujeres que, como Castillo Bustamante, esconden una dimensión humana que solo llega a trascender mediante el acto reivindicativo de reconstruir sus pasos con la óptica de quien puede decir “Yo también creo que aparte de poeta, o compositor, fuiste un ser humano entrañable, de esos que luchan toda la vida” .
En tanto el bongó desata en un paso de bembé su potente ¡pacatá! Y no dirás más «¡Olé!» sino gritarás «¡Alsáaaa!».. Marta Lesmes,
Salga el mulato,suelte el zapato,díganle al blanco que no se va:de aquí no hay nadie que se separe; mire y no pare, oiga y no pare, beba y no pare, viva y no pare, que el son de todos no va a parar!... Nicolás Guillén
Salud Lil
diegosilvasilva@cantv.net
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