Muchos
pensamos que el rival peligroso del “Inca” Valero era el filipino
Manny Pacquiao, pero después de su desaparición física caímos en
cuenta que su contrincante más demoledor siempre fue la canalla
mediática
dominada por la oposición, esa misma que al verle tatuado al presidente
Hugo Chávez en el pecho, no dejó de atacarlo y zarandearlo públicamente.
Se
dieron casos como cuando Edwin Valero venció al colombiano Antonio
Pitalúa y medios digitales en nombre de esa libertad de expresión
que tanto exigen, tuvieron la irresponsabilidad de decir que el chavista
abusador noqueó en el segundo round porque con la imagen del dictador
atemorizó al contrincante, adjudicándose el título ligero del Consejo
Mundial de Boxeo (CMB) en el Frank Erwin Center.
Debido
a ese tatuaje, al boxeador nativo de Bolero Alto, estado Mérida, le
desearon hasta la muerte, y aunque sé que la oposición está enceguecida
por el odio y a cada momento también desean la desaparición de Chávez,
todavía pensé que todo se trataba de simples arrebatos de rabia que
los adversarios exteriorizaban para desahogar sus frustraciones, pero
una vez liberados, nada tenían que ver con un sentimiento criminal
hacia el pegador.
Obviamente
me equivoqué. Después de la muerte de Jennifer Carolina Viera y que
Valero se quitara la vida, esa gente comenzó regodearse en la desgracia
del pugilista por el sólo hecho de ser chavista ¡Diosss!, eso no tiene
nombre. No justifico las acciones del “Inca”, pero eso tampoco avala
un festín político de su infortunio. En todo caso, su “conteo de
protección” se inició con el consumo de droga a los once años.
Valero
jamás recibió tantos golpes bajos como los que le propinó la oposición
después de su deceso. Como dijo el presidente en Las líneas de Chávez
donde refirió el caso: “Nunca le perdonaron su identificación con
la Revolución Bolivariana:
había que destruir, a toda costa, a quien se había convertido en un
símbolo. Hoy como buitres se ceban sobre los cadáveres de Jennifer
y Edwin”.
De
paso, los opositores intentaron hacer mella en la imagen del comandante.
Aún no había comenzado el velorio, cuando circulaba en internet un
video donde Chávez en un acto público se levanta para saludar con
fintas boxísticas al campeón.
Los enemigos buscaban responsabilizar al comandante de la muerte del peleador, pero fallaron y ahora nadie les perdona que utilizaran la misma crueldad que, por sus acciones, le criticaron a Valero, un hombre a todas luces víctima de una vida convertida en un cuadrilátero de glorias y fracasos, que irremediablemente lo fulminaron en el combate decisivo de su propia existencia.